Un talento que no pudo convertirse en realidad por una grave lesión

(Por Mateo Pernigotti) Pedro Cirés es uno de los tantos jóvenes que  quedaron en el camino a convertirse en futbolistas profesionales. Su talento le permitió formarse en las inferiores de Fiorentina de Italia, pero una desafortunada lesión le prohibió concretar su anhelado futuro. Hoy, como profesor de fútbol infantil, intenta transmitir su talento y aprendizaje a los más jóvenes y sueña con que alguno de ellos pueda cumplir su sueño.


– Pedro, ¿cómo fue tu formación futbolística?
– Comencé a jugar al fútbol como todo niño que lo primero que hace es
patear una pelota, y a los cuatro años mi viejo me llevó a jugar a la
escuela de fútbol de San Telmo, por la cercanía que teníamos.
Generalmente donde primero jugás es en el club del barrio. Estuve de los
cuatro hasta los diez en el club y luego mi papá me llevó a la escuela
de Argentinos Juniors para que tenga un poco más de competencia. Aunque
jugar en San Telmo era muy difícil también, pero me destacaba.

– ¿Tuviste un buen paso por Argentinos?
– Sí, me acuerdo que competía el puesto con un chico que jugaba muy
bien y cada vez que jugaba él y yo iba al banco hacía fuerza para que no
meta goles. La metía bastante seguido y me agarraba una bronca, pero por
suerte yo también hacía goles cuando jugaba.

– ¿Es decir que eras un goleador?
– No sé si un goleador, no era el típico “9”, pero jugaba de delantero
y hacía muchos goles.

Después de Argentinos te fuiste a Europa. ¿Cómo llegaste?
– Sí, en Argentinos estuve tres años y de ahí me fui a Italia con mi
familia. A mi papá le surgió un trabajo allá y nos tuvimos que ir con
él. Yo estaba feliz en Argentinos y ya estaba por entrar en inferiores,
pero no podíamos rechazar esa oferta laboral y nos fuimos.

– Y me imagino que querías continuar jugando al fútbol.
– Claramente, estaba convencido de que iba a jugar al fútbol. Se lo
impuse a mi viejo, me iba a Italia con la condición de jugar en algún
lado. Y como justo fuimos a vivir a Florencia, el club más cercano e
importante era Fiorentina, así que mi papá me llevó a probar ahí.

– ¿Te tuviste que probar?
– Sí, me acuerdo que hicieron varias pruebas, fueron tres o cuatro. Y
me fue muy bien, tuve la suerte de hacer cinco goles en todas las
pruebas, y eso que no era goleador. Y bueno, a partir de ahí me dijeron
que volviera y empecé a practicar con el equipo.

– ¿Fue fácil adaptarte al país y al club?
– Fácil no, pero tampoco fue difícil. Mi familia me apoyó mucho, tuve
una profesora de italiano, porque imaginate que no hablaba una palabra
en ese idioma. Y en el club también me ayudaron mucho, además había un
chico de España con el que me manejaba mucho, ninguno de los dos
entendíamos mucho pero tratábamos de ayudarnos el uno al otro.

– ¿Cómo te fue respecto a lo futbolístico?
– La tuve que pelear mucho, ellos tenían su equipo armado y yo me tenía
que ganar el puesto, no era nada fácil. Me acuerdo que la primera
pretemporada que hice fue terrorífica, la sufrí muchísimo, tenía una
exigencia increíble. Y durante el primer año en el club no era muy
tenido en cuenta, muchas veces no era ni convocado o iba al banco y no
jugaba. Aunque algún partido jugué de titular y otros de suplente, y me
acuerdo que metí sólo dos goles en toda la temporada.

– ¿Llegaste a plantearte si querías seguir o dejar?
– No, jamás. Tenía mucha confianza en mí, sabía que tenía nivel como
para competirle a los tres delanteros que estaban por delante mío.
También me relegaba un poco el hecho de que el entrenador solía jugar
con un solo delantero muchas veces. Pero nunca se me cruzó abandonar el
club y al año siguiente fui más tenido en cuenta por el técnico.

– ¿En ese momento jugaba Batistuta en Fiorentina?
– Sí, el “Bati” jugaba en primera y muchas veces nos iba a ver jugar a
nosotros. No teníamos contacto con los jugadores de primera, pero sí los
cruzábamos. A mí me encantaba Batistuta, todos los fines de semana que
podía iba a la cancha a verlo a él, trataba de imitarle algunas cosas.

– ¿Cuánto tiempo estuviste en la Fiorentina?
– Estuve tres años y medio en el club, como te decía, el primer año no
me fue tan bien, pero el segundo sí. Ya en el tercer año tuve una lesión
jodida, me fracturé la tibia en un entrenamiento y estuve mucho tiempo
sin jugar, y cuando volví no fue lo mismo, había perdido el lugar y tuve
que correr otra vez desde atrás. Me costó mucho volver al nivel que
tenía antes, fue difícil y la pretemporada posterior a la lesión no la
pude hacer al cien por ciento. Ahí me planteé si continuar o no, pero yo
estaba convencido de que quería jugar al fútbol, así que seguí y mejoré.
Pero a mitad del cuarto año, desde el club me informaron que no iba a
seguir, que el entrenador ya no me tenía en cuenta. Me tuve que ir, fue
un bajón muy grande para mí.

– ¿No pensaste en ir a otro club del país?
– No, yo no. Mi viejo sí, me apoyó muchísimo y me dijo que me llevaba a
otro lado, que quería que siguiera jugando. Pero la verdad que yo me
desanimé mucho, estaba muy mal y lo único que quería era volver a
Argentina.

– ¿Y volviste?
– Sí, le dije a mi viejo que me disculpara, que no quería estar más en
Italia y que me volvía a Argentina. Trató de convencerme, pero tuvo que
aceptar mi decisión y me volví. Él se quedó con mi mamá allá y yo me
vine a vivir de mis abuelos acá. Ellos estuvieron tres años más en
Italia y se volvieron.

– Cuando volviste, ¿pensaste en seguir jugando al fútbol?
– Lo pensé mucho, no sabía si tenía ganas de pelearla otra vez. Mi
pasión era y es el fútbol, pero era mucho el sacrificio que debía hacer
otra vez, y sobre todo que no tenía el apoyo de mi papá acá. Preferí
terminar la escuela y no seguir jugando, aunque me dolió mucho la
decisión, pero sentía que era lo mejor para mí.

Pero de alguna manera seguiste ligado al fútbol.
– Sí, después de terminar la escuela empecé a estudiar arquitectura,
que es algo que siempre me gustó y lo heredé de mi viejo. Pero más allá
del estudio, tenía muchas ganas de hacer algo relacionado al fútbol y me
recorrí varias escuelas de fútbol, quería enseñarle a los jóvenes. Y hoy
estoy en Nikkei dando clases a chicos de seis a diez años con otro
compañero. Me encanta darles clases, enseñarles muchas cosas que yo
aprendí acá y en Italia.

– ¿Te arrepentís de algo hoy en día?
– Puede ser, quizás que me volví apresuradamente de Italia, no intenté
insertarme en otro club y tiré a la basura un gran esfuerzo que había
hecho. Pero hoy estoy muy feliz de estar en donde estoy y de hacer lo
que hago.

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