Daniel Killer, en memoria al seleccionado de 1978

(Por Manuel Urrere)

Apenas abre se lo ve sorprendido y a la vez contento. El
reconocimiento, tras ese odioso olvido de un Mundial lleno de
suspicacias y comentarios alternos, lo pone muy feliz. En la entrada ya
demuestra su orgullo más grande, apenas traspasa la puerta señala una
foto enmarcada que no puede dejar de mirar y que expone su logro más
grande, la foto del plantel completo que se consagró en el Mundial de
1978.


Daniel Pedro Killer se señala a sí mismo en esa imagen que lo deja totalmente nostálgico y recuerda en un segundo algo que irá repitiendo a lo largo de toda la charla: la unión del grupo, un aspecto que tanto caracterizó a ese equipo. Además muestra, también, los posters de su querido Rosario Central que lo vio formarse como jugador de fútbol y que le dio dos títulos.

Antes de comenzar con cualquier tipo de grabación, Killer frena todo y se refiere a ese pacto interno que realizaron él y todos sus compañeros tras lograr el título. Deja bien en claro que ellos decidieron no hablar del problema social que ocurría en ese entonces, nada más y nada menos la dictadura militar que acechaba a nuestro país. Pero a pesar de asentar esa condición antes de comenzar con la entrevista propiamente dicha, le es imposible no detallar más sobre un tema que nunca quedó totalmente claro y el cual daría para muchísimas preguntas que quizás ni él ni nadie querrían contestar. En principio cuenta que en esa época ellos eran muy jóvenes y sólo vivían para el fútbol. Además que para ese Mundial estuvieron concentrados por tres meses en las instalaciones de la Fundación Natalio Salvatori en la localidad bonaerense de José C. Paz. Pero en el final de su justificación deja entrever que hay algo más que nunca se habló ni nunca se hablará: “La mitad no lo sabíamos y la otra mitad la teníamos que ignorar”.

En seguida se dispara a hablar solamente de fútbol. “Salimos campeones porque estábamos preparados para eso, teníamos un cuerpo técnico extraordinario, con un DT que era un adelantado en la materia”, recuerda muy contento con una sonrisa que tapa todo lo externo al deporte, y continúa demostrando lo confiado que estaba ese plantel: “La presión no se la tiene sólo cuando uno es local, en las giras que tuvimos antes del mundial ya demostrábamos que estábamos para campeonar, que el equipo estaba perfectamente armado”. Un equipo que remitiéndose sólo a lo futbolístico fue uno de los mejores de la historia de nuestro país, el cual contaba con la dirección técnica de Cesar Luis Menotti y una figura estelar en su momento como fue Mario Alberto Kempes. Un equipo que, como
dice Killer, pregonaba el juego por abajo e intentaba con buen fútbol llevar adelante cada partido. “Obviamente siempre que se pueda y sea posible nosotros intentábamos tener la pelota y ser protagonistas”, agrega el gran defensor que tuvo el seleccionado en la década del 70.

Por otro lado el “Caballo” Killer, conocido así por su rudeza en la cancha, puntualiza como una gran característica la unión que tenía
todo el plantel: “Las cosas se dan mucho más fácil cuando se trata de un equipo totalmente unido que tira para el mismo lado y que tiene una afinidad espectacular, éramos todos amigos”.
En el Mundial de 1978, Argentina fue a jugar a Rosario contra Polonia y en ese entonces se hablaba de cómo reaccionaría el público cuando el equipo más lo necesitaba tras perder contra Italia en cancha de River. “Cuando vinimos a jugar a Rosario estaban todos cagados, nadie pensó que podíamos llegar a tener ese apoyo”, reconoce el ex jugador de la selección de argentina, y recuerda que “ni Menotti estaba tranquilo, ni aun siendo rosarino”. “Yo le dije: `Me extraña Flaco, sabiendo cómo es la gente y cómo nos alienta va a ser una locura la cancha`. Y así fue: cuando terminó el partido todos me decían que tenía razón. Y ahí nos vimos campeones”, concluye.

Fue casi imposible no hablar de aquel histórico y famoso partido contra Perú en el que la selección debía ganar por no menos de 4 a 0 y que se despachó con un contundente 6 a 0. Primero se le pregunta cómo
había sido encarar un partido así y Killer salta directamente a defenderse cuando nunca se había hablado sobre las suspicacias que este partido generó: “Si entraba la pelota esa que pegó en el palo no estaríamos hablando de esto”. Se lo ve muy susceptible cuando se habla de la dictadura. Y es normal que así suceda cuando corrió tanta sangre y desaparecieron muchas personas. También hay que entender que no es fácil estar en su situación, habiendo conseguido tan difícil objetivo en un momento tan inoportuno. Cuando se vuelve al fútbol, Daniel se apacigua: “El partido lo encaramos como lo teníamos que encarar, el Flaco nos hablaba a cada uno por separado y nos decía todo lo que teníamos que saber. Con un técnico así todo era más fácil”.
“Levantar la copa que pesa cuatro kilos y medio no se dan una idea lo lindo que es. Algo extraordinario, el sueño de todos”, recuerda mientras se muerde los labios y se llena de nostalgia, a la vez que reflexionaba: “Uno va entendiendo con el tiempo lo que logró, en el momento no llega a caer”. Cuando habla de ese momento, Killer se emociona y a pesar de haber pasado ya 36 años dice recordar como si fuera hoy ese vuelta olímpica: “Fue algo extraordinario, algo que veo en mi cabeza día a día, un logro sensacional”.

Otro hecho que recuerda es la hora del nombramiento de los 23 jugadores que participarían del Mundial: “Es un momento muy difícil, a pesar de ser parte del proceso uno hasta último momento no sabe si va a quedar afuera o adentro”. También cuenta que en ese tiempo tenía una lesión que estuvo a punto de dejarlo afuera: “Tenía una lesión en la rodilla que me jodía para jugar, pero en el último tiempo me enteré que estaba adentro porque siempre hay algún alcahuete dando vueltas, je”.
Daniel sigue hablando con soltura y agrega que al estar tres años seguidos en la selección “ya había una confianza absoluta con todos los colaboradores”. “Además con Pasarella, Gallego, Olguín y Kempes siempre nos contábamos las cosas que nos decía César cuando nos apartaba”, añora Killer con una sonrisa pícara y siempre rescatando la alianza en ese grupo, punto que también ayudó a contrarrestar tantos comentarios negativos en relación a ese tan cuestionado Mundial de 1978.

Párrafo aparte lo tiene Diego Armando Maradona que quedó afuera de ese Mundial a último momento: “El Diego ya era un fenómeno, pero adelante tenía unos monstruos y entonces el Flaco (Menotti) se volcó por ellos, jugadores con mucha más experiencia y que venían con un mayor ruedo”. Como afirma el ex jugador de Rosario Central, el seleccionador de Argentina no dudó en dejar afuera a Maradona porque “sabía con la potencia con la que contaba”. Además reconoció: “En ese momento todos tirábamos para el mismo lado, los que estábamos adentro y los que quedaban afuera”.
“Antes no se le daba bolilla a la selección y tampoco se ganaba nada”, afirma con bronca y explicaba que al no haber marketing ni publicidad la gente no conocía tanto de los jugadores como hoy en día. “A nosotros nos daban un premio plus por usar los calzados de una u otra marca. Por ejemplo Adidas y Puma, que eran los competidores de esa época, nos daban los botines y nosotros elegíamos lo que nos parecía más cómodo. Entonces una u otra empresa te pagaba 300 dólares por partido”, menciona Daniel.
Por otra parte confesó que para esa época era mucha plata la que les pagaron al ganar el mundial pero que no es la misma que hoy en día: “A nosotros cuando salimos campeones nos dieron 30 mil o 40 mil dólares a cada uno y en 2006, cuando pasaron a octavos, a los jugadores les dieron 300 mil dólares, una locura”. Y finalizó: “En esa época se jugaba por la camiseta, por la pasión. Era completamente distinto”.

“Se habla muchísimo ahora de todos los mundiales pero nosotros que fuimos los primeros en ganar un Mundial ni nos nombran, por eso es que hay muchos de los muchachos que están muy enojados por este tema y se están haciendo escuchar. Por ejemplo lograron que nos inviten a Brasil, lograron que nos den un subsidio mensual y una obra social porque hay algunos de esa época que andan muy mal económicamente. Se trabajó mucho para conseguir esto, porque si fuera por Bilardo, él dice que el jugador de fútbol gana mucho y la tiene que saber administrar, pero no es así. No es fácil ser jugador de fútbol, todos piensan que es soplar y hacer botella”, se explaya Killer y aprovecha para aclarar que él no está enojado porque “no hay que tener rencor de nada”, y agrega: “Yo soy un
agradecido que me hayan invitado, tardaron un poquito en avisarnos pero estoy contento”. También comentó que en Alemania 2006 la FIFA los invitó a ser parte de la ceremonia inaugural y como fue el país que más ex jugadores llevó la AFA los apoyó muchísimo más desde entonces: “El Maestro Grondona nos ayudó muchísimo, nos compraron todos trajes iguales que eran un espectáculo, todos italianos. Dimos mucho que hablar en ese Mundial, je”.

A lo largo de su carrera pasó por varios clubes, entre ellos clubes del interior y también de la capital, como Racing: “La diferencia entre los clubes de Buenos Aires y por ejemplo de los de Rosario era abismal, ya sea por cómo estaban en lo monetario y la bolilla que se le daba en el periodismo. En Central estuve tres años para comprarme un departamento y en Racing en dos años me compré dos departamento y tres locales. Era otra cosa”. También destacó la diferencia que hacían los árbitros: “Traer un punto de Buenos Aires era tocar el cielo con las manos, los jueces no eran justos, siempre nos cagaban o algo raro pasaba”.

Con el Mundial en andas no se podía no hablar con un experimentado en la materia. Otra vez destaca la relevancia que tiene la buena
comunicación del grupo: “Yo lo conozco a Sabella y es de mi misma escuela. Sabe lo importante que es la unión de este grupo y así lo lleva a cabo. Es un tipo muy inteligente y sabe cómo llevar adelante un equipo con 4 o 5 figuras extraordinarias que están en lo más alto”. También habla de la no convocatoria de Tévez: “Se habló mucho del tema pero ahí Alejandro es el que manda y lo que él haga está bien”.

Hoy Daniel Killer, a los 64 años, está insertado cien por ciento en el mundo del fútbol: “Me contrataron como buscador de talentos en el interior del país, más que nada en el norte”. Obviamente ligado al club de sus amores, Rosario Central, lugar que lo vio nacer y crecer pasando por las inferiores y llegando a primera. Sigue siendo un hombre muy activo y con un carácter muy jovial. No pasa un segundo sin tirar un chiste y se lo nota muy contento recordando tantos buenos momentos. Deja una enseñanza de vida para cualquier grupo humano, la unión como principal característica por sobre todas las cosas. Eso le enseñó la vida a él y así trata de transmitirlo en cada anécdota que cuenta.

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